Implantes

Los implantes dentales son unas prótesis que se colocan en el hueso mandibular o maxilares creando una base sólida sobre la que se pueden efectuar tanto restauraciones de dientes individuales, como prótesis parciales o totales, y funcionan exactamente igual que nuestros dientes naturales. Estos nos permitirán masticar con total comodidad, sonreír y hablar con la misma seguridad que nuestros propios dientes.

En este sentido, es importante entender que un implante no es más que una “raíz artificial” y que por sí solos no significan nada, sólo tienen utilidad en función de ofrecerle “soporte” a una prótesis en cualquiera de sus tipos.

A lo largo de la historia de la odontología y de la medicina, son muchos los materiales que se han estado utilizando. En la actualidad, sólo son dos los que se consideran válidos: el titanio puro y el titanio recubierto de hidroxiapatita.

Hoy en día hay innumerables estudios que demuestran que el titanio es el biomaterial por excelencia, dado su óptima biocompatibilidad con el organismo humano. Además, el titanio se oseointegra con el tejido óseo, produciendo lo que podríamos denominar una soldadura biológica entre el hueso vivo y el titanio.

También sabemos que es el material que mejor responde con el paso de los años. Hay estudios desde hace más de 15 años que demuestran cómo las prótesis sobre implantes de titanio se mantienen estables con el paso del tiempo. Todo esto hace que el titanio sea nuestro material de elección.

¿Qué finalidad tienen los implantes?

  1. Función y estética.
  2. Frenar la reabsorción ósea.
  3. Disminuir la sobrecarga de las piezas remanentes.

Con los implantes no sólo reponemos los dientes que hemos perdido, restaurando la función y la estética, sino que al implantar estas raíces artificiales también podemos frenar e incluso detener esta reabsorción ósea.